Psicóloga Rakel Villanueva - El centro - Publicaciones

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La salud mental

La salud mental

La Organización Mundial de la Salud define salud mental como “el estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Sin embargo, en nuestra sociedad estamos acostumbrados a sobrellevar las dificultades psicológicas sin pedir ayuda, y solo lo hacemos cuando se vuelven muy graves. Solemos creer que podemos resolverlas nosotros mismos y que lo que necesitamos es tiempo, pero este puede agravar la situación. Cuando un problema afecta nuestra vida impidiéndonos disfrutar de sus aspectos positivos debemos plantearnos buscar ayuda de un profesional. Demorarlo puede empeorar una dificultad que tratada a tiempo puede ser resuelta más fácil y rápido. Pensamos que no hablar del problema hace que este desaparezca, sin embargo, no hablar del problema es perjudicial porque genera enfermedades, puesto que al no hablar sobre ello lo hace nuestro cuerpo en forma de dolencias como migrañas, tensiones musculares y úlceras. Las cuales desaparecerán probablemente cuando se trate el problema.

La terapia nos puede ayudar, no solo con las dificultades psicológicas y los trastornos graves, también con problemas emocionales y de sobrecarga que pueden afectar a personas cuidadoras de enfermos crónicos.

El malestar psicológico en los niños es más difícil de identificar. Para poder reconocer sus síntomas debemos prestar atención a manifestaciones exageradas de enfado, miedo, tristeza, cambios repentinos en el comportamiento, en el patrón de sueño, en el apetito, que puedan indicar que hay un problema psicológico y necesitan la ayuda de un profesional.

Los trastornos de alimentación

Los trastornos de alimentación

La obsesión por una figura cada vez más delgada se ha convertido en un problema que afecta a un creciente número de adolescentes y jóvenes, especialmente de sexo femenino, y los trastornos de alimentación como la bulimia y la anorexia nerviosa se han hecho más frecuentes.

Existe una combinación de causas individuales, familiares y sociales que desempeñan un papel muy importante en el desarrollo y mantenimiento de un trastorno de alimentación.

Estos trastornos no son solo dificultades para alimentarse correctamente sino que pueden ser manifestaciones externas de problemas de identidad y relación. Suelen aparecer en la adolescencia, momento evolutivo en el que la familia se enfrenta a un gran cambio, pues el adolescente busca su propia identidad y autonomía en un avance a la próxima separación.

Hay una serie de factores socioculturales que influyen en el aumento de la incidencia de estas enfermedades. Las presiones sociales hacia la delgadez son constantes: se rechaza la obesidad, las casas de moda reducen cada vez más sus modelos y tallas, los medios de comunicación envían mensajes en los que la delgadez es señal de felicidad, pareja, éxito profesional y en las relaciones sociales.

El sexo femenino recibe el mensaje de que deben ser “supermujeres” (cuerpo 10, trabajo, casa, niños y pareja). El conflicto de roles puede provocar sentimientos de fracaso y la presión por conseguirlo todo les puede llevar a pensar que lo único que pueden controlar es su peso corporal, o quizá piensen que si consiguen un cuerpo perfecto lo demás llegará por sí solo. Además, se está dando una idealización de los trastornos de alimentación, la anorexia nerviosa suele asociarse a chicas de clase social alta, inteligentes, con elevados rendimientos académicos y perfeccionismo. Muchas jóvenes comienzan dietas para ser más populares, pero debido a la naturaleza de esta enfermedad solo consiguen aislarse más socialmente y sentirse más descontentas consigo mismas.

La bulimia y la anorexia nerviosa son dos de los trastornos de alimentación más comunes. Ambos están asociados a una idea sobrevalorada de la delgadez, una excesiva preocupación por el peso y un miedo desproporcionado a engordar que, consecuentemente, alteran de forma notoria las conductas de ingesta y facilitan la aparición de comportamientos anómalos cuya finalidad es evitar la ganancia de peso. Aunque ambos comparten una serie de rasgos comunes, son trastornos diferentes:

  • Anorexia nerviosa. Afecta generalmente a las mujeres adolescentes, pero también prepúberes, mujeres mayores y, en menor medida, a hombres. Se caracteriza por una pérdida de peso autoinducido por medio de la restricción alimentaria y/o el uso de laxantes y diuréticos, provocación de vómitos o exceso de ejercicio físico, miedo a la gordura y amenorrea en la mujer o pérdida de interés sexual en los hombres. Su forma de presentación es insidiosa, la alarma comienza cuando la negativa a comer es muy marcada y la extrema delgadez se hace evidente, o cuando aparece la amenorrea.
  • Bulimia nerviosa: se caracteriza por alternar periodos de restricción alimentaria con episodios de ingestas copiosas seguidos de vómitos autoinducidos, y por el uso de laxantes y diuréticos. La presencia del atracón es lo que define a esta enfermedad, su desencadenante suele ser el hambre generada por haberse sometido a una dieta restrictiva; con el tiempo, este se generaliza como recurso para aliviar el malestar emocional. La edad de presentación suele ser mayor que en las anoréxicas y, a diferencia de estas, suelen tener buen aspecto pudiendo estar incluso con sobrepeso, lo que no quiere decir que su vida no corra el mismo riesgo.

La terapia familiar es una propuesta muy acertada en el tratamiento de estos trastornos. Aunque es cierto que es una persona la que está enferma, no es la única que sufre sus consecuencias, todos los miembros de su familia están afectados y además, su conducta no solo puede contribuir a mitigar los síntomas del paciente sino que será una fuente de recursos muy importante para su recuperación. Sin embargo, si no reciben la ayuda adecuada pueden enredarse de modo que refuercen la enfermedad.

Los trastornos de conducta en los niños

Los trastornos de conducta en los niños

Comenzaré este artículo contando una pequeña historia personal. Una mañana estaba con mi hija de 12 meses en casa, ella jugaba en la alfombra del salón mientras yo hacía pequeñas tareas domésticas vigilándola en silencio. De repente, ella dejó sus juguetes y comenzó a jugar con la televisión, yo me acerqué para explicarle que eso no se hacía, ella volvió a sus juguetes y yo a mis tareas. Al poco tiempo, regresó a la televisión y me acerqué de nuevo para estar con ella. Observé que cada vez trataba más de jugar con la televisión que con sus juguetes, mi bebe de 12 meses había aprendido que una buena manera de que su mamá estuviera con ella era hacer algo inapropiado y que si estaba normal no conseguía la misma atención. Entonces comprobé aquello que siempre trato de explicar a los padres que vienen a la consulta por el mal comportamiento de sus hijos: ellos solamente están llamando nuestra atención.

El malestar psicológico en los niños es difícil de detectar, por esto debemos prestar atención a manifestaciones exageradas de enfado, miedo, tristeza, cambios repentinos en su comportamiento, en el patrón de sueño y en el apetito. Como padres no somos culpables de los problemas que sufran nuestros hijos, pero si responsables y debemos protegerlos buscando ayuda cuando sospechemos que pueden estar sufriendo algún problema psicológico. De especial importancia es buscar esa ayuda también cuando se trata de un trastorno de conducta como los celos o las rabietas que puedan desencadenar en conductas agresivas, pues en estos casos podemos pensar que es necesario un cambio por tratarse de conductas inadecuadas pero, al ser el niño el que molesta o ataca, se nos olvida que el también está sufriendo.
Los problemas de conducta en los niños suelen ser manifestaciones de que algo no marcha bien. Siempre que un niño presenta una conducta inapropiada está pidiendo ayuda para dificultades que puede tener en sus relaciones con la familia, los compañeros y el colegio. Como ya se ha comentado, esto no quiere decir que la culpa de lo que le sucede a nuestros hijos la tengamos nosotros ni tampoco que seamos malos padres, lo que necesitamos es el apoyo de un profesional que nos ayude a entender la situación, nos explique por qué sucede y nos oriente sobre el modo adecuado en que debemos comportarnos para que esta cambie. Sin embargo, en estos como en otros problemas psicológicos, por tratarse de dificultades cotidianas nos cuesta pedir ayuda, pues creemos poder solucionarlas nosotros o que cambiaran cuando el niño crezca. El riesgo es que esto a veces no sucede y las conductas inapropiadas se van cronificando y volviéndose cada vez más graves, hasta que nos encontramos con un adolescente que puede con nosotros porque se ha hecho más fuerte tanto física como mentalmente.

Covid-19 y confinamiento

Entrevista del diario Crónicas a la psicóloga Rakel Villanueva


¿Qué es lo que peor llevamos de este encierro los adultos?

Por un lado, el distanciamiento social y no poder realizar actividades de ocio. La reducción de la movilidad implica no poder ver a nuestros seres queridos, no compartir con estos familiares y amigos cafés, charlas…también implica no poder pasear, disfrutar de espectáculos, hacer deporte. Todo esto afecta más a quienes viven solos.

Por otro lado, estar recluidos conlleva, en muchos casos, una pérdida de la intimidad, la obligación de pasar mucho tiempo con las mismas personas con las que, aunque convivan con nosotros, incluso no tengamos una buena relación, puede llevar a conflictos y discusiones.


¿Cuáles son los problemas más habituales que estáis notando debido al confinamiento?

Estamos detectando dos tipos de problemas, los trastornos derivados directamente de esta situación y los trastornos que ya existían antes pero no éramos conscientes de ellos porque habían permanecido ocultos debido, sobre todo, al ritmo de vida y a actividades que nos servían para desviar la atención como deporte, reuniones sociales…

Entre los problemas que surgen debido al confinamiento, los más habituales son los trastornos de ansiedad y, en menor medida, fobias, trastornos obsesivo-compulsivos y ciertas adicciones relacionadas con el uso de dispositivos y juego online.

Trastornos de ansiedad: Las alteraciones psicológicas están relacionadas fundamentalmente con sensaciones de agobio por el impacto en la salud pública y las consecuencias económicas que este proceso nos está haciendo vivir, con la incertidumbre y el miedo al cambio. Es cuando estas situaciones se mantienen mucho en el tiempo y dominan nuestros pensamientos cuando pueden surgir episodios de ansiedad.

Fobias: Miedo extremo y desproporcionado a contagiarnos y a enfermar o morir que nos lleva a realizar conductas de evitación y nos impide llevar una vida normal.

Trastornos obsesivo-compulsivos: La obsesión por la posibilidad de contagiarnos nos puede llevar a que nuestro pensamiento gire siempre en torno a esa idea y sintamos la necesidad de realizar rituales como el lavado excesivo de manos y una limpieza extrema, o llamadas continuas a familiares para comprobar que todo está bien, que nos puede incapacitar en nuestra vida diaria.

Adicciones: Una actividad se convierte en adicción cuando perdemos el control sobre ella, tiene prioridad sobre el resto de las tareas del día, apartándonos incluso de nuestras obligaciones, y perjudica nuestra salud física o mental.


¿De qué manera se manifiestan?, ¿algunos nos pueden pasar desapercibidos, es decir, podemos no ser conscientes de que nos pasa algo?

Normalmente se manifiestan con sensaciones de estrés, sentimientos de tristeza, soledad, vacío, culpa, angustia, temor, desorientación… Es importante estar atentos a los cambios de humor (la sensación de estar como en una montaña rusa) y a las alteraciones en el ritmo de sueño y de comidas.

En ocasiones estos sentimientos o emociones pueden pasar desapercibidos ya que inconscientemente los ocultamos para no conectar con nuestro sufrimiento. Realizamos conductas de distracción o evitación para no reconocerlos, como cuando ponemos un programa para no pensar o comemos sin tener hambre porque probablemente estemos estresados, tristes o enfadados…


Como profesional, ¿Notáis actualmente más incidencias en cuanto a problemas con la pareja, con la familia…?

Muchísimas más. Al igual que durante las vacaciones suelen aumentar las fricciones en algunas parejas y familias porque pasan mucho más tiempo juntas, ahora el confinamiento está haciendo el mismo efecto pero con el añadido de que no podemos desconectar ni tomar distancia pues nos encontramos todos confinados. El trabajo, el colegio, las actividades extraescolares o de ocio tapan muchos problemas que ahora salen a la luz.


¿Hay algo que podamos hacer en este momento para ayudarnos a superar esta nueva realidad de la que tanto se habla?

Comprender lo que nos sucede nos orienta de forma natural a encontrar soluciones. Debemos identificar nuestras emociones, cuando experimentamos una alteración del ánimo esta tiene un efecto en nuestro cuerpo; si, por ejemplo, estamos asustados podemos sentir calor, dolor de cabeza, presión en el pecho o estómago…Debemos aceptarlas, lo extraño no es cómo nos estamos sintiendo si no la situación excepcional que nos está tocando vivir, por esto no debemos culparnos por sentirnos así o hacer como que no pasa nada. Debemos respetarlas, permitirnos estar mal porque simplemente tenemos derecho a estarlo.

Por último, focalizar en aquello que sí podemos controlar puede ayudarnos a sobrellevar tanta incertidumbre.


Primeros paseos en la calle, todos decimos que estamos deseando salir. ¿Habrá personas a las que estas salidas les provoquen miedo? ¿Qué pueden hacer para animarse a salir, para ayudarse?

Si, el miedo a contagiarse y enfermar, sobre todo en aquellas personas con patologías previas de fobias, trastornos obsesivo-compulsivos o hipocondría, puede provocar temor y condicionar las salidas. También aquellas personas con dificultades al relacionarse y frecuentar lugares públicos pueden tener problemas a la hora de retomar las salidas.

Respecto a qué pueden hacer para animarse, las personas con patologías previas, lamentablemente, es difícil que puedan hacerlo sin ayuda profesional psicológica. El resto, no debería forzarse, debería buscar el momento más adecuado, en el que se sientan más cómodos y seguros. De esta forma, facilitaran tener experiencias positivas en sus salidas, lo que hará que quieran repetirlas.




Rakel Villanueva dibujo de psicología familiar

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Rakel Villanueva

 Psicóloga Col. BI03951

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